Yo no te creo

El 11 de julio del año en curso publiqué esta respuesta en facebook.
Respuesta a cierta '' disculpa publica'' hecha por la persona que más me ha roto el alma.
Una persona que casi provoca una muerte segunda.
Una persona que no merece ser llamada persona, sino monstruo.
Y viene muy al caso porque justo ahora, en alguna parte de la República se esta llevando a cabo una total infamia.
Una institución dedicada a apoyar a las mujeres apoyando a agresores confesos, denunciados y sancionados, no cabe en mi mente tanto cinismo, tanta mierda.
No voy a dar nombres, no voy a dar direcciones, solo voy a re-publicar lo que ya alguna vez dije, y me seguiré quedando callada, porque estoy cansada de esta lucha que ya se ha cobrado dos años de mi vida (casi tres)
'' tu vida no puede ser la denuncia'' me dijo alguna vez una profesora que fue mi columna enmedio de toda esta tempestad, y tiene razón, porque la realidad es que la denuncia en este país no sirve de nada, es una pantalla, una acción que solo desgasta a las víctimas pero nunca a los agresores.
Que les incomoda un rato la vida, sí, pero nada que no pueda ser olvidado al cabo de un año.
En cambió, muchas veces nuestra vida como víctimas se queda en estasis, esperando por una justicia que nunca va a llegar, porque darle justicia a una víctima es liberarla de la etiqueta de víctima.
Yo las invito a ser fuertes, a ser persistentes, pero siempre dense tiempo para recordar que la mente y el cuerpo también necesitan descansar.
Las pocas personas que conocen el caso me han dicho que celebre las '' pequeñas victorias'', y lo hago, pero a veces pienso que no son nada comparando cómo ha repecutido esto en mi carrera, en mi vida, en mi estabilidad mental y emocional.
Denunciar es una desdicha que no le deseo a nadie, pero es algo que hay que hacer si queremos que esto cambie para bien. Algún día, quizás no hoy, quizás no mañana.
Quizás en 20 años, miraré atrás y diré: valió la pena.

Este es el famoso texto prometido:

A veces leo tus disculpas, no las actuales, sino las de junio de 2017, y vuelvo a verme a mi misma creyendo, perdonando... cuando lo único en lo que pensabas eras tú mismo, porque te urgía saber que no diría nada, porque te diste cuenta (al menos) que el malestar que dejaste en mi fue muchísimo más grande que el que yo dejé en ti, porque no se puede comparar una desilusión '' amorosa'' (pensando que no solo me usaste, pero ambos sabemos que así no fué) con la monstruosidad que me obligaste a hacer, quizás no con una pistola pero sí con tu poder, con la autoridad que sabías que tenías sobre mi, porque comparando nuestras edades yo era una niña y tú un monstruo que me doblaba esa niñez.
Nunca escribo nada de ti por aquí, nunca he hablado fuera del marco jurídico, que por cierto fue deficiente. Nunca he podido poner sobre palabras '' abiertas al público'' lo que pasé contigo.
Y duele, duele porque en lo profundo sé que lo sigo negando, duele porque lo que no sale se pudre adentro.
Arruinaste toda mi existencia, las cosas que creía, el amor que tanto defendía, mis ganas de un futuro distante, la forma en cómo me relaciono, en cómo confío...
Mi salud mental que cada día parece aún más difícil de controlar...
Vivir en duelo continuo con el vientre y los brazos vacíos...
Con letras espinadas que se hacinan dentro de mi cuerpo...
A veces vuelvo a las lluvias de aquel mayo, que no fueron suficientes para lavar toda la sangre de nuestras manos, a la primavera y sus promesas, a cuando te creí cuando dijiste - yo no soy así- a veces vuelvo, vuelvo y regreso solo para encontrar algunas palabras entrecortadas... No dirás nada...
A mi lucha interna por hacer lo correcto porque nadie más estaba dispuesta a hacerlo, la pesada carga sobre mis hombros, las horas que se pasan como días...
A veces vuelvo a tus disculpas... Esas que solo pronunciaste cuando necesitaste sacar un poco más de mi, a esas disculpas vacías como todas tus palabras, porque no padeces nada más que la desdicha de tu porquería descubierta, no lamentas nada, ni en tus disculpas actuales ni en las pasadas, todo siempre ha sido una manta con la que te cubres para huir de la peste que dejas.
No lamentas nada, porque nada sientes.
Pedirle disculpas a la pared blanca y azul para que tu publico conocedor te aplauda detrás de su mierda de cristal.
El único arrepentimiento que veo es el mío, por haberte conocido, por haber creído, cedido, caído, por no saber decir que NO, por pensar (tan estúpidamente) que por ser un escritor, un poeta, ibas a entender y nunca me ibas a dejar caer...
Pero desde el principio cavaste la tumba donde lo ibas a hacer...
Hay quienes me dicen que piense con la cabeza fría, pero no puedo, no puedo porque sigo viviendolo, porque lo padezco, porque la justicia no es un balde de agua fría que te dice: it's over.
¿Quieres realmente resarcir algún daño? Deja de fingir, deja de decir por decir. Deja de repetir una y otra vez '' disculpame'' si solo piensas en limpiar tu nombre.
Un junio de 2017 me escribiste algo muy similar y yo te creí, como 200 y tantos incautos lo hacen ahora. 200 y tantos incautos pueden decepcionarse porque en menos de un mes vuelves a reincidir, eres un pleonasmo que se repite a lo largo de los años, en una víctima y en otra.
Esta es mi respuesta para ti, yo no te creo y estoy muy cansada de todo esto.

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